Queridos Reyes Magos

No te voy a decir que soy una fan absoluta de la Navidad, pero sí puedo decirte que me encantan las tradiciones que se traducen en pasar tiempo en familia, en reunir a familiares que no ves tan a menudo, en agasajar con comidas o presentes a los demás.

Realmente yo aprovecho cualquier momento para hacer todo eso, cualquier excusa es buena para reunir a las personas que quiero, hacer una comida con mucho amor, o regalar algo que me ha recordado a esa persona o he sentido que le gustaría.

Las Navidades simplemente me lo hacen mucho más fácil, pues casi todo el mundo tiene integrado que esas reuniones se van a dar y los regalos o buenos deseos no abruman a nadie.

Las tradiciones son rituales que nos marcan los tiempos, que nos colocan en un lugar no sólo físico sino también emocional, año tras año. En mi familia siempre hubo muchos rituales, y a mí siempre me encantaron. Todo acontecimiento se celebraba reuniéndonos para comer, charlar y pasar todo el día juntos. Y por supuesto las navidades no eran menos.

Comenzaban unos días antes de Nochebuena yéndonos de paseo por el monte a coger musgo, ramas, corcho…, para hacer el Belén. Un año lo dedicamos a hacer entre todos las casas del Belén en el que siempre incluimos la nuestra. El Belén de mi casa tenía luces, agua que corría, montañas, estrellas…, mi padre siempre ha sido un artista y nos contagiaba con su bricolaje. Después adornábamos la casa y colgábamos calcetines, uno por cada miembro de la familia en la escalera de caracol que daba acceso a los dormitorios. Aun cuando ya no vivíamos ninguno en casa, nos reuníamos para adornarla, comer juntos y escribir nuestras cartas de los Reyes Magos.  

Nuestras cartas de los Reyes Magos, unas cartas que estas navidades he traído a la que es hoy mi familia. Nuestras cartas eran y son especiales, lo de menos casi eran las cuestiones materiales, aunque por logística nos ayudaba mucho saber si alguno necesitaba o se le antojaba algo en concreto, lo más importante eran los deseos hacia cada uno de nosotros. Uno y una por una, pedíamos lo que sabíamos que era importante para la/el otra/o: aprobar todo, sacarse el carnet de conducir, conseguir la beca que había pedido, organizarse mejor, mejorar su salud, seguir siendo tan maravillosos… Yo que siempre he sido muy sensible, reconozco que me emocionaba con todas.

Y después empezaba la locura de las compras, que para mí también era un motivo de comunicarnos, pues estábamos todos conectados todo el tiempo, “ya encontré xx para Laura, búscate tu xx que aquí no hay”…. Para mí pensar, buscar algo que sé que le va a hacer mucha ilusión a otra persona me encanta, así que disfrutaba. Y yo además empaquetaba cada año de una forma diferente, porque me encantan los paquetes bonitos, así que disfrutaba de estas fechas muchísimo.

Siempre pensé que la tradición de las cartas quería que formara parte de mi nueva familia, y hasta este año no lo he hecho, porque mi hijo aún vivía en la mentira y yo no sabía cómo plantearlo desde ahí.  Yo como muchas madres y padres, no me planteé en su momento que contar con respecto a los reyes magos, o si era respetuoso o no mentir a mi hijo. Mi hijo lo sospechaba el año pasado y a los dos meses de la navidad pasada me lo preguntó directamente y le dije la verdad. Su reacción no fue de tristeza sino de asombro por un lado pensando que todo eso lo habíamos comprado nosotras y por otro lado un tanto disgustado por sentirse engañado, me preguntó que por qué le había mentido, si creía que era tonto. Nunca me había planteado esta realidad, yo lo descubrí en su momento poco a poco y la verdad que ahora en la distancia, para mí fue un alivio, me daban mucho miedo esos señores tan grandes que no podía ver por la noche y que entraban y se paseaban por mi casa mientras yo dormía.

La conversación con mi hijo me dio mucho que pensar, me di cuenta que no había sido respetuosa con él, que había normalizado de alguna forma el hecho de mentir como medio para conseguir su ilusión. Y eso a día de hoy, con mi nivel de consciencia, no tiene cabida. Como casi siempre, si damos el espacio para una comunicación libre, nuestras/os hijas/os nos dan las claves de la coherencia o no de nuestros actos. Y yo de esta, ya tengo la lección aprendida.

Hoy nos hemos escrito a nosotros mismos, porque en mi casa hay una reina y dos reyes magos que se desean mucho amor, felicidad y abundancia, y que se hacen mutuamente los regalos que quieren, pueden y sienten.

Para la próxima lo haré de otra forma, todavía no se cuál será exactamente, pero una con la que me sienta en coherencia y en conexión con mi hija/o.

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