La Ira, esa emoción mal vista.

Pobrecita Rabia, es una de las emociones menos comprendida. Se dice que la rabia es “fea”, “dañina”, “innecesaria”, propia de “seres inferiores”.

Los niñ@s como en multitud de ocasiones nos enseñan el verdadero valor de esta emoción. Les sirve para expresar su disgusto ante una situación que les provoca displacer, les sirve para establecer límites, para enseñar al otr@ quienes son y lo que no están dispuestos a aceptar.

Este es el verdadero valor de la Ira, mostrar ante los otros lo que no nos gusta, lo que no estamos dispuestos a aceptar, lo que consideramos injusto. Nos sirve también para tomar distancia, alejar lo que no es agradable en nuestras vidas y dejar entrar lo que sí lo es.

El problema radica en la gestión de esta emoción, no en su esencia. Los niñ@s son emoción pura y no saben gestionarla, pueden entrar en un bucle de ira que les lleva de la tristeza al enfado y vuelta a empezar. Gritan, patalean y agreden para expresarla.

Nuestra labor como educadores es enseñarles a aceptar esta emoción como propia y sana y gestionarla de una forma asertiva (sin dañar al otro pero expresando nuestro sentir).

Esta labor parte de desterrar frases inculcadas en nuestro ser como: “No te enfades”, “No es para tanto”…; y aprender a gestionarla en nosotr@s mism@s para poder servir de modelo ante nuestros hij@s.

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