Gracias, Gracias, Gracias

El otro día lloraba desconsolada por cerrar una puerta definitivamente esperando que su cierre haga que se abran muchas más. Mi hijo me vio y me preguntó que me pasaba, se lo expliqué y le dije “tienes mucha suerte hijo, tienes una mamá que con sus fallos como todo el mundo, está aquí para ti, no quiere cambiarte y te acepta y te apoyará en todo lo que hagas en la vida, yo no he tenido eso, mi mamá murió cuando tenía 5 años y nunca nadie ha ocupado ese lugar, ese lugar de amor incondicional, yo he sentido siempre que tengo que demostrar que soy buena persona, buena madre, buena profesional, que no me han entendido nunca, no me he sentido apoyada sino todo lo contrario, he tenido que apartarme de parte de mi familia para poder crecer en libertad; espero hijo que nunca te sientas como me he sentido yo, he trabajado mucho en mí para no repetir este patrón y lo seguiré haciendo cada día, te pido perdón si en algún momento te has sentido rechazado o juzgado porque de verás que intento con todas mis fuerzas no hacerlo, pero supongo que mi vivencia hace a veces que esa voz exterior que me juzga se haya convertido en mi voz interior y en ocasiones se me escape hacia ti. Coger impulso y crecer sin una base estable de una madre o un padre sin condiciones, es mucho más duro que hacerlo sabiendo que hay alguien que te acompaña amorosamente. Mi hijo me dijo, mami tranquila siento mucho lo que has pasado pero ahora no estás sola, hay mucha gente que te quiere, y quiero que sepas que eres la mejor madre del mundo. ”

Cuanta sabiduría en un cuerpo tan pequeño, mi hijo tiene la capacidad de colocarme en mi centro cuando más lo necesito. Todo esto me ha llevado a reflexionar sobre la importancia de “resetearnos” para poder acompañar de verdad, y sobre todo para (si no fuimos “vistos” como es mi caso) poder ver a nuestr@s hij@s, a lo que son en realidad y no lo que queremos que sean. Acompañar no solo en el éxito sino también en el fracaso, con una mirada limpia de juicios, dispuesta a aprender tal vez a ser de una forma muy distinta a la que fueron con nosotr@s nuestros padres. No se trata de hablar de verdades, o de quien tiene la razón, no es una lucha, es simplemente observar, acompañar, apoyar y alentar para que saquen lo mejor de sí mism@s.

Para poder hacer esto es necesario mucho trabajo personal, yo desde luego no sé un camino más corto, l@s hij@s nos dan la fuerza y el impulso que podemos aprovechar para hacer este cambio tan necesario.

He pasado por todas las fases y todas las emociones y ahora poco a poco voy adentrándome en la aceptación y en el agradecimiento. Sé que tod@s lo hicieron lo mejor que supieron, y probablemente con la mejor de las intenciones, que mi vida como hija/sobrina/nieta ha hecho que hoy sea la madre que necesita mi hijo y ha hecho también que me dedique a acompañar y asesorar a otras familias para que puedan hacer ese acercamiento a sus hij@s que tanto necesitan, así que GRACIAS, GRACIAS,GRACIAS

Seguiré en mi camino, que sin entrar en valoraciones de si es el correcto o no, es el que siento verdadero y mío.

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