Conflictos entre hermanas/os

Lo primero quiero dejar claro que cuando hablo de conflicto no me refiero a una agresión, sino a una disputa, un enfrentamiento de deseos o pareceres entre dos personas, en este caso de la misma familia.

Cuando yo era pequeña los mayores no mediaban en nuestros conflictos. El 99% de las veces que mi hermano y yo discutíamos lo resolvíamos entre nosotros. Y ese 1% restante, teníamos la “mala suerte”, y sí digo la “mala suerte”, de que estaban presentes o escuchaban la discusión e intervenían. Yo siempre sentí que cuando intervenían los mayores lo hacían de una forma injusta. Y es que es muy difícil ser justa/o cuando se desconocen las dinámicas relacionales o los antecedentes del conflicto. No podemos valorar un conflicto como algo aislado y que es sólo lo que acaba de pasar ahora mismo, pues muchas veces es la consecuencia de algo anterior, o de muchos “algos” anteriores. A veces simplemente se están poniendo límites, y nosotras/os en nuestro afán por ayudar, restamos valor a ese límite e incluso negamos la capacidad de ponerlo.

¿Qué es un conflicto?

La palabra conflicto a muchas/os les suena como algo negativo, que hay que eliminar rápidamente, pero el conflicto no es eso, el conflicto es una oportunidad de aprendizaje, de conexión. Cuando intervenimos por sistema en los conflictos de nuestras/os hijas/os les negamos su propio aprendizaje, les negamos el poder que tienen de llegar a acuerdos, negociar o poner sus límites ante los demás. Esto no quiere decir que si en alguna ocasión existe abuso por parte de una/o, evidentemente intervenga.

Intervenir, a mi parecer, no significa resolver y dar la razón a una parte y por lo tanto quitársela a otra. Intervenir puede ser, en primer lugar; escuchar a ambas partes, tratar de ser neutral, sacarles a ellas/os los posibles caminos de resolución, y sobre todo servir de ejemplo. Tratar siempre de que sean ellas/os las/os que lleguen a un acuerdo o establezcan el limite que consideren.

¿Qué consecuencias puede tener el hecho de intervenir y solucionar siempre los conflictos?

** Generar rivalidad entre ellas/os, por sentir injusta la resolución. ** Poca responsabilidad sobre sus actos. ** Baja autoestima. ** Más conflictos.

¿Y si me piden ayuda?

Si están acostumbradas/os a que resuelvas sus conflictos, siempre que se vean en uno van a acudir a ti, si es tu caso, a partir de ahora puedes ir soltando ese control e ir pasando la responsabilidad al menor, acompañando siempre su emoción. A partir de ahora puedes decirle “tú eres capaz de resolver esto por ti misma/o, confío en tí, qué crees que podrías hacer ahora?, yo me mantendré cerca si lo necesitas…”.

Reforzar su autoestima y sus habilidades asertivas les ayudará y mucho a vivir estas situaciones como grandes aprendizajes y momentos de verdadera conexión.

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